Durante las últimas dos semanas, he tenido la oportunidad de participar en un periodo de docencia en un centro educativo de Dinamarca. Esta experiencia ha sido especialmente significativa porque es la primera vez que nuestro instituto lleva a cabo una movilidad de este tipo. Desde el primer momento, me sentí muy satisfecha con la oportunidad de conocer de cerca el funcionamiento de una Efterskole danesa, un tipo de centro educativo que ya conocía previamente gracias a los intercambios que realizamos con este mismo colegio. Elegí este lugar para mi movilidad porque me atrae profundamente su metodología innovadora y la manera en que priorizan el aprendizaje práctico y experiencial.

El sistema educativo del centro donde he estado, y de las escuelas danesas en general, es envidiable por su enfoque pedagógico centrado en el desarrollo integral del alumnado. Aquí, el aprendizaje se basa en la experimentación, la creatividad y el trabajo por proyectos, permitiendo que los estudiantes se involucren activamente en su formación. Además, se fomenta la autonomía del alumnado, dándoles la posibilidad de elegir materias optativas y diseñar sus propios proyectos. La evaluación no se centra tanto en las calificaciones, sino en el progreso personal y la retroalimentación continua. Asimismo, el modelo educativo promueve la educación holística, integrando disciplinas como el arte, la danza, el deporte y la tecnología para brindar una formación completa y equilibrada.

Un aspecto que me ha gustado particularmente es el equilibrio que logran entre la libertad y la responsabilidad. Los estudiantes gozan de una gran independencia dentro de un marco claro de normas y expectativas. En lugar de una disciplina estricta basada en castigos y restricciones, se apuesta por la reflexión y el aprendizaje a partir de los errores. La confianza en los estudiantes es clave: se espera que gestionen su tiempo y sus compromisos sin necesidad de una supervisión constante. Esta cultura educativa fomenta el pensamiento crítico, la autodisciplina y la capacidad de asumir las consecuencias de sus decisiones, habilidades fundamentales para su desarrollo personal y futuro profesional.

Durante mi estancia, tuve la oportunidad de impartir clases en el programa Student International Project (SIP), diseñado para estudiantes de 10º grado que buscan una educación diferente y desafiante. Este programa, impartido íntegramente en inglés, se basa en el aprendizaje por proyectos, lo que permite a los estudiantes desarrollar iniciativas con un impacto real en su comunidad. A través de este enfoque, los alumnos mejoran su pensamiento crítico, su capacidad para resolver problemas y su sentido de la responsabilidad. Además, el programa SIP integra diversas disciplinas en sus proyectos y ofrece experiencias internacionales enriquecedoras a través de viajes educativos a países como Alemania, Estados Unidos y España.

Durante estas dos semanas, trabajamos en dos proyectos principales: la realización de un video y la creación de un mural artístico en la sala de artes marciales, una sala diseñada completamente por los estudiantes del programa SIP. En este último proyecto, un grupo de estudiantes transformó la pared de la sala incorporando un cerezo en flor como símbolo de resiliencia y fortaleza, además de aportar un toque inclusivo y representativo a la decoración.

Más allá de mi labor docente, participé en diversas actividades del centro que me permitieron conocer su funcionamiento desde dentro. Asistí a reuniones de profesores, a encuentros diarios con los estudiantes en el auditorio donde se compartían noticias y se cantaba, y a las asambleas de aula. También introduje juegos españoles en mis clases y dirigí sesiones de «storytelling», un espacio de reflexión en el que un profesor comparte una historia que invita al debate. Además, participé en las reuniones de convivencia llamadas «dorm meetings», donde los profesores de referencia se reúnen con los estudiantes de su apartamento para hacer un seguimiento tanto académico como emocional.

Esta experiencia ha sido profundamente enriquecedora y me ha dado una gran dosis de energía y motivación. Sin embargo, también me ha dejado un sentimiento agridulce al comparar las diferencias con el sistema educativo español. En Dinamarca, la educación es una prioridad y se percibe como una inversión de futuro. Los docentes disfrutan de un menor nivel de estrés y burocracia, horarios más flexibles y ratios de alumnos mucho más bajas, lo que les permite dedicar más tiempo a cada estudiante. Además, cuentan con recursos suficientes para desarrollar proyectos creativos e innovadores, infraestructuras modernas y una amplia disponibilidad de personal de apoyo en las aulas. Todo esto contribuye a un entorno educativo de mayor calidad, donde los alumnos reciben una atención más personalizada y pueden desarrollar plenamente sus habilidades y potencial.

En definitiva, esta experiencia ha reafirmado mi convicción de que la educación es el motor del cambio y que debemos seguir luchando por una mayor inversión en recursos y mejoras en nuestras escuelas. Me llevo grandes aprendizajes de esta movilidad y espero poder trasladar muchas de estas ideas a nuestro centro para seguir avanzando hacia una educación más innovadora e inclusiva.